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El fin de una democracia

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La Política del Movimiento Social en el Dialogo por la Caja de Seguro Social/por Antonio Méndez
El fin de una democracia
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Ponerle el cascabel a la corrupción /por Raúl Leis
LOS ENEMIGOS DEL PUEBLO QUIEREN PRIVATIZAR LA CAJA DE SEGURO SOCIAL, LA INSTITUCIÓN DEL PUEBLO PANAMEÑO/comunicado 20 de feb./COOPOVE
Dirigentes Colonense son Acusados de Corruptos/30 ene-02/Ciudad de Colón
DERROTADO EL NEOLIBERALISMO EN LA OPINIÓN PUBLICA: AHORA MOVILIZAR A LAS MASAS PARA DEBILITARLO ESTRUCTURALMENTE
LA ESTRATEGIA DE LA BURGUESÍA COLOMBIANA Y EL IMPERIALISMO PARA INCIDIR SOBRE PANAMA/por Jesús Peralta
Agentes de Policia Crean Montaje para Agredir al Dirigente Popular Juan R. Herrera/por Marco Rivadeneira
La Gesta de los Martires del 9 de Enero es una histórica Lección de Patriotismo que no nos harán olvidar/por Alberto Garcia
Partidocracia Empresarial Orquesta campaña Anticomunista en Santiago de Veraguas/por Marco Rivadeneira
Fernando de la Rúa se fue como quien desangra /Por Martín Granovsky
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Gernika y El Chorrillo/ por Raul Leis
Sobre el Transito de Materiales Radioactivos por el Canal de Panamá/Comunicado
La Verdad Sobre El Dialogo Nacional por la Educación y la Reforma Educativa/por Juan R. Herrera
Por qué la guerra de EE.UU Viola el Derecho Internacional/por Julio Yao
UNA NACION DE SOPLONES/por James Petras
La posición de EE.UU con respecto al terrorismo
Papel de las Religiones en las Políticas Mundiales/por Leonardo Boff

por Angel T. Valdés

En el mensaje de clausura del Foro Social Mundial (2002), el escritor José Saramago plantea con justeza el problema de la democracia en la actualidad. Su preocupación es válida, pues, ante la crísis que atraviesa el mundo muchas son las críticas que se le hace al sistema económico globalizado y a su instituciones. Todas éstas críticas se fundamentan en la razón que la miseria, la injusticia y desigualdad les da a los millones de seres humanos que habitan el planeta. Pero hay un aspecto que se resiste a toda critica y peor aun, son muchos los analistas, pensadores, escritores y políticos que ven en la actual situación caótica que vive el mundo, un peligro para la DEMOCRACIA. Es sintomático, por ejemplo, que en una entrevista que se le hace al escritor Eduardo Galeano sobre la crisis en Argentina, éste manifieste que una de las consecuencias graves de esa crisis es el desprestigio de la democracia. Es verdad, la democracia está en crisis, la democracia está desprestigiada. ¿Pero cuál democracia? Cuando el contenido de un concepto se eleva a una posición sublime y absoluta, es muy difícil desentrañar las contradicciones que nos permitan apreciar con justeza las transformaciones necesarias que debe sufrir ese concepto como resultado del devenir histórico. Ese es el problema fundamental que se nos plantea en la actualidad con la Democracia. Para la mayor parte de las personas, la democracia es un sistema que está por encima de los intereses particulares, de grupos, de partidos políticos o de asociaciones económicas. Es decir, la democracia es un ideal que hay que alcanzar, es la forma de organización social perfecta donde todos tienen el mismo derecho y deberes y gozan de grandes libertades y oportunidades. En verdad la democracia permite una serie de libertades y de organización social, que hace de esta forma de convivencia la más adecuada para una sociedad determinada. Pero, ¿qué factores son los que alteran la estabilidad de una sociedad donde se dice que existe o se esta fortaleciendo la democracia?, ¿porqué en un sistema democrático las desigualdades sociales parecen eternas y peor aún aumentan ? Hemos visto con asombro como en poco más de una década el mundo se ha transformado totalmente. Los llamados regímenes totalitarios (por oposición a los de libre mercado) colapsaron dramáticamente y con entusiasmo apresurado se proclamó la victoria de la democracia. La nueva realidad bautizada como globalización, consecuencia de los avances científicos, tomó la forma del sistema triunfante, se le dio paso al libre mercado y el neoliberalismo plantó sus banderas en los cuatro puntos cardinales. Se había logrado lo impensable y como resultado, la riqueza empezaría a fluir por la faz de la tierra como la magia de las ondas de Internet. Esto es lo que proclamaron alborozados los grandes centros del poder y la información. Pero la realidad es terca y ha mostrado su verdadera cara. En los últimos años en todas partes del mundo la inestabilidad económica , política y social es lo más característico. Lejos de fluir la riqueza en todas las direcciones, lo que ha aumentado es el número de pobres y miserables. En muchas regiones y países la estabilidad y la paz es una quimera. ¿Qué es lo que está fallando? Es aventurado pensar que un sistema económico surgido, basado y sustentado por una creciente acumulación de riquezas en manos de una pequeña parte de la sociedad, pueda de la noche a la mañana cambiar su esencia para transformar el modo de apropiarse la riqueza. Así vemos, que a pesar de los cambios que se han hecho en el mundo, los canales por donde se succiona la riqueza, convergen hoy más que nunca hacia los centros de poder económico mundial con graves consecuencias para las regiones y países pobres del resto del mundo. La globalización ha fortalecido a los grandes países desarrollados que se han organizado en bloques económicos como la Unión Europea y el ALCA, este último en gestación y con el pecado original de estar sometido a los intereses de Estados Unidos. De allí que la contradicción entre ricos y pobres siga acentuándose; por un lado, la revolución en los avances científicos crean las condiciones para el desarrollo integral de la humanidad y por otro lado, las estructuras económicas y sociales impide que este avance sirva para eliminar la desigualdad mundial. En este contexto, cuando se habla del auge del sistema democrático en el mundo, debemos estar claros que nos estamos refiriendo a un modelo de democracia que ha sido estructurado para legitimar el sistema económico actual. Dentro del sistema económico capitalista y como en cualquier otro sistema, la democracia es la mejor forma de organización social, pero esta forma de organización se agota, cuando el sistema económico no responde a los intereses generales de la población. No se debe confundir la democracia con el propio sistema que la contiene. La democracia es una forma de gobierno dentro de un sistema. Por eso es correcto hablar de que existe una democracia capitalista, pero es incorrecto plantearse que el sistema capitalista es en sí democrático o el único en donde puede existir un régimen democrático como pretenden algunos pensadores. En todos los sistemas económicos que han existido, desde el esclavista hasta el socialista, se han dado diversas formas democráticas de gobernar. Por ello, en término general y apartándonos de la definición habitual de gobierno del pueblo, podemos decir que DEMOCRACIA, es aquella forma de gobernar en un sistema socioeconómico determinado que le permite a la mayoría de la población gozar de una serie de libertades y tener acceso a los bienes materiales, culturales y espirituales producidos por toda la sociedad. Ateniéndonos a lo anterior, podemos señalar que cuando un sistema se estructura de tal manera que el acceso a los bienes producidos se hace cada vez más difícil para la población, la democracia como mecanismo de organización de ese sistema, entra en crisis. En América Latina, a nuestro juicio, el eslabón más débil del sistema económico globalizado, hemos visto con asombro como país tras país, que se abrieron a la democratización y a los ajustes económicos del libre mercado, han caído en una inestabilidad creciente, donde los partidos y la clase tradicional gobernante no han podido sacar a flote su economía creando justamente el descontento popular. La corrupción dentro de los gobiernos y grandes empresas es enorme y los grandes capitales se encuentran en pocas manos. La dinámica democrática de esta situación es sencilla: un gobierno X (Perú, Ecuador, Panamá, México o Argentina) es acusado de corrupto (y lo es verdaderamente), se pide la renuncia del presidente o se hacen elecciones, se cambia al presidente o un grupo de "honestos" empresarios con un candidato carismático se elige democráticamente. Se abren las anchas alamedas de la esperanza y la libertad, pero a los pocos meses, suenan otra vez las campanas de la corrupción y la bruma del desencanto ahoga la ilusión. Este circulo parece repetirse una y otra vez en cada uno de nuestros países. Y lo peor es que, cuando, por estos mismos vaivenes sociales llega al poder algún grupo o personaje, que quiere o hace transformaciones sociales o políticas, cambiando la democracia tradicional a favor de las mayorías, de una vez es acusado por los grandes centros de poder, tanto dentro como afuera, de ser un gobierno populista o desfasado de la realidad económica actual. De esta forma la situación del país no mejora y sigue empeorando. ¿Qué significa esto?. Significa que hay un modelo de democracia que vertiginosamente da síntomas de agotamiento. Los pueblos exigen cada día más participación y más soluciones a sus problemas. Las organizaciones independientes y no gubernamentales se fortalecen, las amplias masas populares están más informadas que hace veinte años y exigen un mejoramiento a su nivel de vida. Pero los mecanismos democráticos actuales están lejos de darle solución a estos problemas. La razón es que la forma de vida ha cambiado, el mismo sistema de producción ha generado los instrumentos que han revolucionado la convivencia social. La informática y la computación, instrumentos eficaces del mercado, no sólo han generado un nuevo orden de intercambio de mercancías y capitales, sino que, han multiplicado los niveles de desarrollo cultural y de intercambio de ideas. Los sucesos mundiales, sociales y económicos se conocen y se analizan de manera independiente y con una rapidez asombrosa (la guerra de los Balcanes, el derrumbe de las torres gemelas, la crisis de Argentina, etc.) La democracia que surca el éter no marcha paralela a la democracia real, la que sufren nuestros pueblos. A pesar de que estamos presenciando un desarrollo formidable y asombroso de las fuerzas productivas, las estructuras sociales imperantes se han convertido en un obstáculo para que esas fuerzas productivas se abran paso para lograr el desarrollo integral de la sociedad. Por más que organizaciones internacionales humanitarias, ecológicas y de todo tipo de denuncien la injusticia social actual, si no se lucha por cambiar el modelo económico, vanas serán nuestras protestas. La situación de hoy es sumamente inestable y tensa, los recursos políticos de los grandes centros del poder para mantener la estabilidad social y mundial parecen agotarse. Los mecanismos democráticos que han actuado como una verdadera válvula de escape para mantener en equilibrio (status quo) al sistema, no parecen funcionar. Para evitar el colapso, se debe ampliar la democracia, pero como la democracia depende del sistema, esto conlleva a la transformación del mismo, acción que no aceptan las clases dominantes. Por ello, ante la actual crisis, no es correcto plantearse o gritar ¡salvemos la democracia! ¡hay que defender la democracia! ¡no violentemos el orden democrático! sin precisar a que orden o a que democracia nos referimos. La democracia actual no hay que preservarla ni defenderla, hay que transformarla. Desde los griegos, pasando por la Revolución Francesa hasta nuestros días, la humanidad ha ido desarrollando por caminos tortuosos sus modos de convivencia social, entre ellos, la democracia en su evolución ha alcanzado hasta la actualidad formas y valores que hay que preservar, pero también existen formas y factores que frenan su desarrollo. El sistema económico actual, por su esencia, es uno de esos factores que obstaculizan el avance de la democracia y el desarrollo social. Hasta el momento no avizoramos ningún indicio de que el actual sistema económico este dando muestras de una transformación integral, al contrario, bloques económicos, organismos internacionales y líderes mundiales se empecinan en mantener un neoliberalismo descarnado con toda su secuela de desigualdades, compitiendo y pelando por espacios y mercados en un mundo demasiado pequeño para tanta avaricia. Las desigualdades, diferencias y contradicciones son tan enormes que ya estamos al borde de cambos drásticos y radicales, que si bien en algunos aspectos serán dolorosos, en su conjunto serán beneficiosos para la humanidad. Estamos viviendo cambios dramáticos de alcances insospechados, no tanto como para proclamar el fin de la historia, pero si para presenciar el fin de una democracia.